viernes, 4 de septiembre de 2015

El fuego de tu palabra



Lo importante no son tus ojos

sino la memoria prendida de tu mirada.

La tranquila y acompasada brisa

que deja exhausta la galerna.

 
 

Lo que sentimos después del olvido.

La vida serrada, engullida por el despropósito.
 

Lamidas por el orgullo,

Besada por las pasiones.
 

El resto del caramelo,

el envoltorio brillante sobre el asfalto.

Las cuentas perdidas de un collar

que nunca se posó en ningún cuello.

El recuerdo de tu palabra

interpretado por la consciencia

erosiva de la fuerza del destino.
 

La arena que escupe la duna.

La sequedad de la certeza.

La fuerza ardiente de la brasa.

El fuego.
 

La lava que moldea la piedra

no es lo importante.

Es, la forma que libera

la débil y maleable

vida de la cosas.
 

Las que miras,

de las que hablas.
 

La magia esculpida en los recuerdos,

y el engañoso juego de la ola

que te alcanza y te abandona

como casi todo…
 

Lo importante querido amigo

no es que sufras conmigo este instante

sino el crepitar de nuestras pieles

después de un amor imaginado.
 

La mano tendida después de un arrebato.

Las palabras crueles que no sentimos.
 

Ni siquiera tiene valor nuestra presencia

sólo el rastro inmóvil, asolador,

que surgirá cualquier mañana

moldeado, por el fuego devastador de tu palabra.
 
                                            Rosa María Estremera.

 

 

 

 

martes, 1 de septiembre de 2015

Cuando Callas


Cuando callas

tu silencio arranca

las sombras del mediodía.
Foto: Javier Trujillo Estremera

 

El aire seco transita

pausado y  firme

entre los poros abiertos

de las pieles ausentes.

 

El nostálgico silencio

dora los reflejos

que posan por las esquinas,

y se deslizan emborrachadas

por el eco hueco de la partida.

 

Cuando callas

me pierdo buscando conchas

por el pavimento inmaculado,

por los retratos ocultos

entre el  ámbar del atardecer

y la certeza abrasadora de este verano.
 
Rosa María Estremera    

domingo, 26 de julio de 2015

La Palabra


 
Foto: Javier Trujillo Estremera
“Palabra es el silencio                                             
atronador tras la pelea,
es el espacio que se abre
bajo el parpadeo
de unos ojos, que miran
con la inocencia del no saber.”
 
 
 
Rosa María Estremera
 

lunes, 13 de julio de 2015

Lascivos Labios

Una luz que empuja y no entretiene
que disputa y acontece,
que disculpa los misterios
por los que nunca me viste.

Reflejos de Javier Trujillo Estremera.

Ni me sentiste.

Un blanco espejo
que no me pertenece,
que se escapa cubierto
de halos omnipresentes.

Brillos usurpados a la muerte.

Fríos los recuerdos, los empuja
recubiertos de dudas.
Andan por el quicio de la ventana:
ahora van... ahora vuelven.

Porque existe a veces,
el resplandor que no se oculta,
el calor que abre mi tumba
a los lascivos labios de tu presunción.

                                                     Rosa María Estremera.


                                                                             

domingo, 28 de junio de 2015

Luz Eterna

No encuentro nada continuo en tu mirada,
todo, termina con la laxitud hueca
de una frase no dicha.

Cruje el roce seco de las hojas.
El viento las agita
contra la rueca estéril del destino,
las mil formas de sus nervios
quedan impresos en la retinas
infinitas de los sueños.












Los reflejos no son ninguna certeza
y sin embargo enmarcan la sutil
forma de la hiedra,
el perfil ardiente de las tejas
sobre las ventanas.

Los gritos lentos de las voces infantiles.
Una nube.
Un lamento.

el claro y limpio hablar del cielo
forjado en las puertas exiguas de la existencia,
reveladas por las luces que deslumbran
con la fortaleza de lo perpetuo,
con la rudeza de la verdad.

la aspereza efímera de la vida
envuelta en caricias veladas
entre los lienzos sin óleos,
sólo pintados con nuestros miedos.

Cristales de destellos circulan desde lejos.
El ladrido de un perro.
El gemido de un hombre muerto.

Hay una marca en el cielo,
una cicatriz en mis ojos,
una llaga entre mis manos
y la tierra húmeda del pasado.

El anhelo encarnizado e inútil
de la interminable lucha
de la infinitud de los momentos.

No encuentro nada continuo, constante
nada de la sencillez de lo perecedero.

El vuelo de la luz silba a mi espalda
y a mi frente...
sólo una luz descansa entre los baluartes
de las batallas olvidadas,
que inmortal, me habla y me susurra
con las tibias señales
que mueren derretidas
en la eterna luz de este momento.

                                      Rosa María Estremera.

viernes, 12 de junio de 2015

De la tormenta.

La tormenta que nunca viene sola, ni callada, siempre acompañada de silencios.

Primero se adormece el día y el sol que hasta hacen un momento esculpía naranjas sobre las tejas y las ventanas, sin que te enteres, es cubierto de nubes negras y acaloradas.
            
 

Es como un anuncio solemne, sabes que viene porque el viento enmudece. Porque al poco, se vuelve un tormento de aire enfadado y crespo.
Azotando las hojillas de las matas frescas y rojas de los cerezos aún nacientes.

Zarandeando las tersas ramas de los pinos y castaños, de los abetos perennes que reciben para refrescar sus hojas cansadas de la tormenta aún no presente...
Y una gota, y un relámpago y un ruido aún muy lejano.

Un ruido, que primero es un lamento, luego un grito y luego viento atormentado.

Después, agotada, desorientada, exhausta la nube, rauda como vino, desaparece...

Qué fuerza vigorosa y rápida empuja al cielo a debatirse en duelo desconcertado, mientras, la tierra de la trémula primavera, asustada y lanzada, vuelve a cobijarse brillante entre el ganador del lance que una vez más resurge: un sol ámbar, que vuelve siempre a pintar  de naranjas los tejados cercanos a mis ventanas.

                                                               Rosa María Estremera.

De "Sinfonías y voces", Ediciones Vitruvio.

viernes, 5 de junio de 2015

Compartir la existencia

-¡No!

Me dijiste una vez más y esta vez te creí...
Dejé mis tontas aspiraciones colgadas por la hiedra del jardín que quise construir junto a ti.

- ¿Cariño, vienes?

Y fui, él ya había olvidado. La importancia de las cosas es tan relativa... 
Algo se había quedado perdido entre los destellos cegadores de un sol que empezaba a depositar en el horizonte el peso de su existencia.
Tan lejos como el entendimiento entre las personas. Entre él y yo. Tan cerca como los fulgores blancos volcados en mis macetas,
colgados en la eterna esperanza de un reencuentro.


Él seguía allí, esperando en paz su consuelo. Siempre fue así, lo seguirá siendo.
Pero la vida se encarga de enmascarar los intereses y modificarlos al antojo de sus propios réditos, sin que seamos una prioridad.
Al vuelo raspón y estúpido de aquella mosca, tan similar al ridículo zumbido de las discusiones banales en las que parece gustarnos perder el tiempo.

Vuelvo a disiparme en el horizonte incandescente y no distingo bien, si son naranjas o rojas las líneas que marca sobre la mesa, que pinta sobre las velas reblandecidas.
El tiempo estructurado, inexistente parece tatuarme en esta piel imaginada, una angustia que nada tiene que ver con mi enfado.
Ni con mi vida.
Perdida entre los vivos colores de aquel plato que colgué hace mucho para cincelar el muro de ladrillos, hace tanto, que ya el muro  no es el mismo. Lo cambió el cariño de los años. El esmerado roce malva de las flores.
También él lo quiso. Lo vivimos.

Nos hará falta otra excusa surgida de nuestra humana sentencia sin sentido, para no ver reflejado en los sucios cristales del farol, la certeza que se esconde por encima de lo que se dice en lo que de verdad sentimos.

El reflejo por siempre prendido de nuestra existencia.

Me miraste una vez más y sonreí eternamente.



                                               Rosa María Estremera.